Cerro del Manolón

Cerro del Manolón

Dándole vueltas a la tuerca yo sabía que algo podía seguir sacando de nuestro Purche y el Cerrajón, y vaya si lo hemos sacado, petroleo¡

Salimos en esta mañana tan fría desde el purche en dirección a las revueltillas donde ya nos estaba esperando nuestro amigo perro mastín del otro día que parece que estaba clavado a base de martillo, ya que seguía en el mismo sitio donde lo dejamos el otro día y ladrando igual que el otro día.

Pronto comenzamos a subir por la senda que nos lleva al Cerrajón pero hoy desviándonos por el barranco para la cara norte que no la habíamos hecho. Paisaje lunar muy chulo que cruzamos y disfrutamos hasta que llegamos a un rebaño donde nuevamente nos esperaban dos mastines sin pastor que se nos han echado encima literalmente pero que sin apuros hemos dado de lado para comenzar un pequeño descenso hasta el collado del cerrajón.

En esta bajada nos hemos encontrado con “chuck norris” que iba con un arco intentando a ver si cazaba alguna cabra por alli, con movimientos muy lentos y técnicos se desplazaba este “ninja” granaino en busca de la cabra perdida.

Seguimos nuestra marcha y en el collado hacemos una pequeña y dura ascensión al Cerro del Manolón, pues no había estado nunca y me llamaba muchisimo la atención. No ha defraudado, impresionante el enclave que tenía el manolón este, no sabía ná¡¡.

Bajamos por un canuto mas vertical que inclinado que ha sido bastante complicado y pronto volvemos al collado, donde esta vez cogeríamos la senda que nos lleva de regreso por la falda del cerrajón que no había hecho nunca.

En nuestro camino nos encontramos al “capitan corneta” y al “ninja” granaino que seguían dale que te pego en busca de la cabra perdida, y para que no se la espantásemos hemos tenido que parar un rato para que estos “heroes” granainos pudiesen cazar algo.

Después de un rato y con la saca vacía nos dan vía libre para seguir y nos vamos a asomarnos al Peñón del Negro, un precioso “mojón” encima de cahorros que te da unas vistas que pareces medio dios.

Al final de la senda nos esperaba el camino de vuelta al coche por las revueltillas con algo de envidia de ver a tan tiernos terneros tomando el sol a sus anchas con la única crisis de tener un matojo moscas en los lagrimales… si esos fuesen todos nuestros problemas, vaca querría ser¡.

Otra más¡

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